Catedral de la resurrección de Cristo en Podgorica, Montenegro

Un universo de iconos, fondos dorados y pinturas llena la Catedral de la Resurrección de Podgorica. Entre estos ornamentos desbordados y excesivos, como es típico de las iglesias ortodoxas, hay un fresco que suscitó controversia cuando la iglesia fue consagrada en 2013. Cerca de las bóvedas hacia la parte superior izquierda del altar, descubrirás una escena apocalíptica que, a primera vista, no parece extraordinaria. Una criatura aterradora nada en un mar en llamas y se traga a la gente con prendas religiosas.
Catedral de la resurrección de Cristo en Podgorica, Montenegro

Un universo de iconos, fondos dorados y pinturas llena la Catedral de la Resurrección de Podgorica. Entre estos ornamentos desbordados y excesivos, como es típico de las iglesias ortodoxas, hay un fresco que suscitó controversia cuando la iglesia fue consagrada en 2013.

Cerca de las bóvedas hacia la parte superior izquierda del altar, descubrirás una escena apocalíptica que, a primera vista, no parece extraordinaria. Una criatura aterradora nada en un mar en llamas y se traga a la gente con prendas religiosas. Sin embargo, mira más de cerca y verás que entre las mismas llamas eternas donde arden Adán y Eva hay tres hombres que muchos han identificado como Mariscal Tito, Karl Marx y Friedrich Engels.

Los tres hombres retratados en el fresco son la personificación de un régimen que persiguió a los creyentes y al clero. Incluso hoy, la población montenegrina se divide entre los que extrañan los “buenos viejos tiempos” y los que ven en el comunismo una plaga que devastó esta región durante muchos años.

Para algunas personas, ver a Tito, Marx y Engels arder en el infierno es una emancipación de la opresión que sufrieron en el pasado. Pero algunos dicen que la semejanza con las tres figuras históricas es bastante vaga y no intencional.

Aunque es inusual que los frescos ortodoxos representen temas contemporáneos, los tres hombres no son los únicos políticos retratados en la catedral. El artista podría haber asumido que nadie notaría esas figuras controvertidas entre el exceso de decoraciones. O puede haber predicho las controversias que desencadenaría su trabajo, y esta es la razón por la que prefirió permanecer en el anonimato.